domingo, 5 de agosto de 2007

Invasión nocturna


Cae la tarde. Inevitablemente, llegan los recuerdos.
Danzan entre las sombras que se estiran, perezosas.
Juegan a las escondidas entre las plantas mojadas de rocío,
entre los arbustos quemados por la insólita nevada,
entre las ramas desnudas de los árboles helados.
Los recuerdos se trepan. Se deslizan debajo de las puertas,
se filtran por celosías de ventanas entreabiertas,
se cuelan por los ojos de las cerraduras.
Invaden mi casa. Ocupan mis espacios familiares,
se acomodan entre mis muebles y me miran.
Los recuerdos desfilan, implacables y solemnes.
Después se van uno por uno, tal como llegaron.
Pero se queda solo: el recuerdo de tu rostro amado.
Tus ojos me miran desde todos los rincones
El eco de tu risa, como una música hermosa y fascinante,
enturbia mis sentidos. La tibieza prepotente de tus manos.
La ternura de tu voz, su cadencia diáfana y afectuosa.
Es fácil verte así, convertido en sombra caprichosa,
Invadiendo mi casa, mi vida, mis momentos.

Mientras cae la tarde, inevitablemente, llega tu recuerdo.

jueves, 2 de agosto de 2007

Desmesura


Las manos se despiertan, insolentes, ávidas, inquietas
anhelantes, desquisiadas, hambrientas.
Las manos se extienden, buscan, rozan,
se posan, se deslizan, recorren,
acarician, enlazan, ciñen, estrujan.
Las manos hablan sin palabras:
musitan, susurran, vociferan demandas,
gritan, gimen, estallan en lamentos...
Las manos tiemblan, vibran, se agitan
enloquecen, se enajenan, se desquician.
Y finalmente, ahítas de pasión,
se entregan, se abandonan, se resignan,
yacen sobre el vientre tembloroso, vibrante y transpirado
...y se quedan dormidas.

domingo, 29 de julio de 2007

Historia de una mirada


Una tarde cualquiera, de improviso,
se encontraron por primera vez nuestras miradas.
Tus ojos color miel eran tan dulces
que entibiaron mi alma de esperanzas;
los míos, dijeron sin palabras cuánto me gustabas
Después... fue tantas veces el silencio
de estas miradas cómplices, aunadas
en un amor escondido cual tesoro,
creciendo entre la ausencia y la distancia.
El tiempo ha madurado en nuestros ojos
se han vuelto atrevidos, insolentes,
caprichosos, rebeldes, delatores...
Ahora, si queremos silenciarlos
sólo nos queda desviar nuestras miradas.

martes, 5 de junio de 2007

Hemos sido...


Hemos sido dos desconocidos
que un día se cruzaron en cualquier camino.
Hemos sido un hombre y una mujer
que una vez se miraron a los ojos
y descubrieron que se amaban.
Hemos sido un hombre
que retuvo en sus manos la caricia
que no se atrevió a entregarme
y una mujer que desangró sus labios
mordiendo los besos escondidos.
Hemos sido dos necios obstinados de la lealtad,
empecinados cultores de la negación y la renuncia,
adoradores de la burocracia
que conserva al amor en los papeles,
las firmas, las bendiciones, los testigos.
Hemos sido los negadores
de la pasión tardía y de la esperanza
de renacer para una nueva vida.
Hemos sido un hombre y una mujer
que se encuentran cada día
en la resignación y la desesperanza.
Hemos sido dos tontos o dos locos.
Hemos sido y somos, dos buenas personas
que jamás dejarán saber que se aman.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Cuánto quisiera...


Amado mío, no sabes cuánto quisiera
tenerte ahora aquí, a mi lado,
para decirte que sin vos mi mundo
es acotado, escueto, reducido...
Si no te veo todo es nostalgia,
penumbras, desconcierto...
Si no te escucho, me ahogo en un silencio
irreversible, triste, desolado,
y la esperanza naufraga sin futuro
en un mar de miedos y desvelos.
Quiero tus brazos, la tibieza de tus manos
la ternura escondida en tu mirada
y esos “te amo” que nunca pronunciaste
y permanecen cobardes, ocultos, ateridos.
Quiero tu sombra fundida con la mía
nuestros pasos por el mismo camino
y nuestra lucha, sin tregua y sin retorno
en pos de un mismo sueño.

martes, 29 de mayo de 2007

Cómo hago...


Ahora que nos hemos dicho adiós, silenciosamente,
tácitamente, dolorosamente, irreversiblemente...
Ahora que debo renunciar a la esperanza de tenerte,
¿cómo hago para despertar cada mañana sin pensarte?
¿Cómo hago para caminar por las calles sin buscarte?
¿Cómo hago para no extrañar tu voz,
para dejar de imaginar cómo sería encontrarnos,
mirarnos a los ojos y abrazarnos?
¿Cómo hago para no evocar el calor de tus manos,
la ternura de tus ojos, el amor oculto en tu mirada?
¿Cómo hago para arrancarme esta nostalgia de tu risa?
¿Cómo hago para construirme una ilusión,
si el sonido de tu nombre que era el sinónimo de la esperanza?
¿Cómo hago, amado, para aceptar
que ya nunca serás nunca mío?
Y mientras la tarde muere lentamente,
se me ocurre preguntar, tan solo,
cómo hago para dormir algunas horas sin soñarte...




Amándonos


Sus ojos me besan
Sus labios me acarician
Sus manos me hablan
La ternura brota por sus poros
caprichosa, rebelde y altanera,
negándose a ser cómplice
de todo este silencio
que es negación del amor,
de ese amor que se esconde
avergonzado en los bolsillos
cálidos del miedo.
Miedo a decir que sí,
a decir te quiero,
a hacerle frente
a una verdad que duele
como la hoja aguda
de un cuchillo.
La verdad de amarnos
a pesar de ser de otro
aunque sea de otra
a pesar de su casa
y de la mía.
A pesar de habernos
encontrado más allá de los tiempos
en el medio de un abismo
de desesperanza.
Sus ojos me besan
Sus labios me acarician
Sus manos me hablan
Un mar salobre de lágrimas
me asfixia
Y su sonrisa tan amada,
me atrapa como un lazo.




Palabras y silencios

Hablamos con palabras
que ocultan los silencios:
silencios caprichosos, obstinados,
solemnes, mentirosos.
Hablamos del sol o de la lluvia.
De Borges, de cuentos y poemas.
De San Juan y los Proverbios.
Hablamos de sueños y quimeras,
nostalgias y recuerdos.
Hablamos con palabras animadas,
sonrientes, optimistas, ligeras,
sutiles, convenientes.
Hablamos.
Pero el silencio sigue allí, agazapado,
culpable, miedoso, acobardado...
esperando que alguna vez
digamos la verdad.