miércoles, 30 de mayo de 2007

Cuánto quisiera...


Amado mío, no sabes cuánto quisiera
tenerte ahora aquí, a mi lado,
para decirte que sin vos mi mundo
es acotado, escueto, reducido...
Si no te veo todo es nostalgia,
penumbras, desconcierto...
Si no te escucho, me ahogo en un silencio
irreversible, triste, desolado,
y la esperanza naufraga sin futuro
en un mar de miedos y desvelos.
Quiero tus brazos, la tibieza de tus manos
la ternura escondida en tu mirada
y esos “te amo” que nunca pronunciaste
y permanecen cobardes, ocultos, ateridos.
Quiero tu sombra fundida con la mía
nuestros pasos por el mismo camino
y nuestra lucha, sin tregua y sin retorno
en pos de un mismo sueño.

martes, 29 de mayo de 2007

Cómo hago...


Ahora que nos hemos dicho adiós, silenciosamente,
tácitamente, dolorosamente, irreversiblemente...
Ahora que debo renunciar a la esperanza de tenerte,
¿cómo hago para despertar cada mañana sin pensarte?
¿Cómo hago para caminar por las calles sin buscarte?
¿Cómo hago para no extrañar tu voz,
para dejar de imaginar cómo sería encontrarnos,
mirarnos a los ojos y abrazarnos?
¿Cómo hago para no evocar el calor de tus manos,
la ternura de tus ojos, el amor oculto en tu mirada?
¿Cómo hago para arrancarme esta nostalgia de tu risa?
¿Cómo hago para construirme una ilusión,
si el sonido de tu nombre que era el sinónimo de la esperanza?
¿Cómo hago, amado, para aceptar
que ya nunca serás nunca mío?
Y mientras la tarde muere lentamente,
se me ocurre preguntar, tan solo,
cómo hago para dormir algunas horas sin soñarte...




Amándonos


Sus ojos me besan
Sus labios me acarician
Sus manos me hablan
La ternura brota por sus poros
caprichosa, rebelde y altanera,
negándose a ser cómplice
de todo este silencio
que es negación del amor,
de ese amor que se esconde
avergonzado en los bolsillos
cálidos del miedo.
Miedo a decir que sí,
a decir te quiero,
a hacerle frente
a una verdad que duele
como la hoja aguda
de un cuchillo.
La verdad de amarnos
a pesar de ser de otro
aunque sea de otra
a pesar de su casa
y de la mía.
A pesar de habernos
encontrado más allá de los tiempos
en el medio de un abismo
de desesperanza.
Sus ojos me besan
Sus labios me acarician
Sus manos me hablan
Un mar salobre de lágrimas
me asfixia
Y su sonrisa tan amada,
me atrapa como un lazo.




Palabras y silencios

Hablamos con palabras
que ocultan los silencios:
silencios caprichosos, obstinados,
solemnes, mentirosos.
Hablamos del sol o de la lluvia.
De Borges, de cuentos y poemas.
De San Juan y los Proverbios.
Hablamos de sueños y quimeras,
nostalgias y recuerdos.
Hablamos con palabras animadas,
sonrientes, optimistas, ligeras,
sutiles, convenientes.
Hablamos.
Pero el silencio sigue allí, agazapado,
culpable, miedoso, acobardado...
esperando que alguna vez
digamos la verdad.